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Conversaciones con mi Fisioterapeuta: “Collarines y clavos”

En una entrada anterior ya os comenté que  suelo visitar a mi “Físio” una vez al mes, un chequeo rutinario para comprobar que las molestias siguen estando localizadas en el mismo sitio y, sobre todo, que no se mueven. Espero que este post  sea el primero de una serie de titulada  “Conversaciones con mi Fisioterapeuta” pero sin que haya una entidad bancaria de por medio.

No todo lo que se habla con un fisioterapeuta es susceptible de ser escrito en un blog. De hecho, estoy convencido de que muchos utilizan al fisioterapeuta más como un psicólogo o confesor que como profesional médico, tumbarse en una camilla, esa mezcla de relajación y dolor y el poder hablar a solas con alguien (y que te escuche), produce para muchos mayores beneficios que la propia terapia muscular.

Aquí intentaré plasmar alguna de las conversaciones  que solemos tener sobre deporte y lesiones. No sacamos verdades absolutas, pero de vez en cuando si que sale alguna reflexión interesante.

Conversaciones con mi fisioterapeuta

El efecto “collarín”.

La fuerza de mis pies, en concreto, la falta de fuerza en mi pie izquierdo, fue el desencadenante de una charla que se podría resumir en el denominado (por mi) “efecto collarín”. Los soportes musculares tipo collarín o rodilleras pueden ayudar a la recuperación de alguna parte de nuestro cuerpo tras una lesión, pero alargar su uso en el tiempo puede provocar la perdida de fuerza en los músculos a los que hace de soporte. El cuerpo humano es muy fuerte pero si le das tregua enseguida se acostumbra a  no realizar esfuerzo o utilizando frases del estilo a las que se leen por twitter: “Lo que te protege ahora, con el tiempo te hará débil”.

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¿Cómo elegir a tu Fisioterapeuta?

Esta tarde he tenido sesión de fisioterapia y, como casi siempre, he visto la “cara del dolor”, vamos, que casi he tenido que pedir  un palo!!!  para morder algo.

Hace un año decidí que había que rascarse el bolsillo e ir por lo menos una vez al mes al “físio” para descargar las piernas y chequear mis dolores “varios”.

Les tengo bastante confianza, creo que más que a los médicos, y básicamente es por que:

  • Suelen solucionarme los problemas de forma rápida y, algo casi más importante, suelen indicarme que hacer para que no vuelva a surgir el mismo problema.
  • Soy de la secta que cree ciegamente que los esguinces se curan mucho mejor con un “físio” que inmovilizando varias semanas.

Esta confianza que tengo no quiere decir que todos los que me he encontrado a lo largo de mi vida sean excelentes profesionales pero, por regla general, la mayoría si que lo son y suelen solucionar las barbaridades que le hacemos a nuestro cuerpo.

Dolor

La razón de escribir este “post” no es publicar que esta tarde he tenido sesión de “físio”, sino contar mi experiencia para saber si puedo o no confiar en el  profesional que me va tratar:

CONFIA:

  • Cuando te explique los posibles motivos por los que te has lesionado y te aconseje rutinas o ejercicios para recuperarte y no vuelvas a recaer.
  • Cuando su principal obsesión sea que no le vuelvas a visitar por la misma lesión.

DESCONFIA:

  • Cuando alguien te dice en la primera sesión que vas a necesitar muchas sesiones para recuperarte (más de  5 en un mismo mes).
  • Cuando el mismo profesional que te trata se esté ocupando de más personas en la misma sesión(*).
  • Cuando confía más en las máquinas que en sus manos.

Espero que os sirva de ayuda y que no genere mucha polémica en el gremio.

(*) Hablo solo de las clínicas privadas, en la seguridad social, a la fisioterapia le faltan recursos para poder dar un servicio de calidad.

P.D: No llamarlos masajistas que se enfadan, son fisioterapeutas o “físios”.

 

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