Archivos de la categoría Lesiones

Algunos pensamientos inconexos: Correr, pipas y humildad.

Pipas y correr:

Si me preguntaran ¿qué es salir a correr para ti?, diría que es como comer una bolsa de pipas donde todas están amargas menos unas pocas pero aún así no puedes dejar de comer. Un vicio placentero pero con regusto casi siempre amargo.

Correr y Humildad:

Una tarde cualquiera, intenta quitar 10 seg al ritmo de tu mejor marca en los 5 kilómetros. Un miércoles, sin la ayuda de un dorsal, solo en tu parque favorito intenta llegar a completar 5 km. Da igual cual sea nuestro ritmo o los años que llevemos corriendo, conforme vayan pasando los kilómetros nuestros pulmones creerán que nos hundimos junto a la orquesta del Titanic, la boca irá ganando en rigidez y entenderemos el concepto de eternidad. Esta prueba, que es una idiotez supina, tendrá como resultado más probable lo que ya sabíamos antes de empezar: que acabaríamos extenuados y que no llegaríamos a completar los  5 km. Pruebas como la anterior y días en los que correr unos pocos kilómetros a mi ritmo habitual se me hace extremadamente duro son una excelente cura de humildad para contrarrestar esos días en los que me creo alguien especial por el simple hecho de correr “X” kilómetros o aún ritmo concreto.

Correr es una ciencia exacta.

Diferentes lesiones me han hecho bucear mucho en como salir de cada una de ellas. Cuando tuve problemas con el tendón de Aquiles, de todo lo que leí sobre tejidos tendinosos y su recuperación descubrí un detalle que hacía más difícil su recuperación: el reposo no era la solución. La mayoría de veces, la inactividad era tan mala como el sobre-esfuerzo. Sólo el aumento de carga continua y gradual ofrecía una salida más o menos clara. Apretar a tu cuerpo fuera de la zona de confort y escuchar como reacciona, con el riesgo de retroceder más de lo avanzado si nos pasamos o no entendemos correctamente las señales que nos envía. Desgraciadamente no tenemos una fórmula que nos de el numero exacto de repeticiones, cargas de entrenamiento o días de descanso necesarios para mejorar.

Conjugar las infinitas variables (85 kg, 183 cm, pies planos, alopecia juvenil, adicto al dulce), que a su vez no son fijas en el tiempo, con el fin de obtener el resultado exacto en la marca en una carrera o el tiempo de recuperación se hace imposible. Únicamente nos queda la opción de manejar probabilidades como alternativa a la incertidumbre. Si haces determinadas cosas durante determinado tiempo tendrás una probabilidad concreta de recuperarte antes o de asegurar una determinada marca. Y pensándolo bien, tiene hasta gracia; correr, donde cada metro cuenta, que un segundo puede marcar la diferencia entre un récord mundial o una marca pobre, donde los entrenamientos se parecen a fórmulas matemáticas, la tecnología intenta mejorar nuestro rendimiento, etc. finalmente, sólo se rige por la leyes de la probabilidad y, a veces, ni por esas.

Maratón:

Mentalmente no me “cuadra” enfrentarme con un dorsal a una distancia por primera vez. Tanto a nivel mental como a nivel muscular necesito saber que mi cuerpo es capaz de aguantar 4 o más horas corriendo antes de decidirme a ponerme un dorsal. No es que quiera contradecir todos los planes de entrenamientos, pero 30 km (o casi 3h) me parecen insuficientes para aventurar como va a reaccionar tu cuerpo en los siguientes 12km. Quizás sea porque no soy persona de sorpresas y sea por eso que me atraigan cada vez más las distancias cortas donde el tiempo para que algo salga mal es menor.

Volver a empezar (a correr y a escribir).

Una de las películas del cine español que más huella me dejo en mi juventud fue “Volver a Empezar” (1982), de Jose Luis Garci. Supongo que muchos la habréis visto ya. En resumen cuenta el retorno a España, en concreto a Gijón, de un Profesor de Literatura tras recibir el Premio Nobel. Sabedor de que no le quedan muchos meses de vida debido a un cáncer, intenta disfrutar de su estancia junto al amor de juventud.  Tanto la temática principal, volver a empezar justo cuando tu vida se está acabando, como la sub-temática futbolística (sus recuerdos como jugador de fútbol antes de dedicarse por completo a la literatura), las imágenes que acompañan a la película de una Asturias realmente bella unidas a una banda sonora muy bien escogida, donde destaca el Canon de Johann Pachelbel, hace de ella una de mis películas favoritas.

Volver a empezar

Los que corréis ( y los que no) sabréis que volver a empezar no siempre es agradable, sobre todo porque muchas veces no lo elegimos nosotros: una lesión, un despido o cierre de la empresa, la perdida de un familiar o simplemente un desamor nos hacen que tengamos que volver a empezar si que lo hayamos escogido.  En los pocos años que llevo en el mercado laboral, teniendo en cuenta los que me quedan para poder jubilarme, he cambiado de sector varias veces, no siempre relacionado, pero siempre he podido rescatar conocimientos o experiencias de un trabajo para poder aplicarlo en el siguiente, aunque esto no me haya evitado que muchas veces cometiera los mismos errores en trabajos distintos.

Volver a empezar a correr.

Algo similar me ha pasado en mi corta trayectoria “atlética” (las comillas está totalmente justificadas). Casi todos los años he tenido una lesión o problema que me ha hecho estar en el dique seco más de 20 días con la consiguiente perdida de forma.  Este año, lo que solo sería un esguince de 15 días se convirtió en no poder correr desde el 1 de Julio hasta casi finales de agosto. Dos meses sin correr que han supuesto 3 kilos de más (añadidos a los 2-3 que llevo de serie). Una vuelta a empezar casi desde cero, con semanas iniciales donde he tenido que hacer CaCo (Caminar-Correr) para que el tobillo se fuese acostumbrándose y yo pudiera respirar al correr.

Aunque esta vez ha sido un esguince, vuelve a ser el mismo pie izquierdo por el que he tenido que parar en los cuatro últimos años. Pero cada vez que he tenido que volver a empezar, no estaba todo completamente perdido,  el cuerpo, aunque es muy perezoso, recuerda lejanamente a que ritmos a los que solía correr,  aunque con la edad, cada vez cueste más hacerle recordar y sea más peligroso adelantar pasos en la recuperación de esa memoria “física”.

A fechas de este post, ya estoy en cifras pre-lesión (120 km mensuales) aunque me falta el aire si aprieto un poco y piernas si paso de 60 min de carrera continua, estoy bastante contento de esta vuelta. Contento, pero sabiendo que hay que cambiar cosas para no volver a tener que empezar dentro de unos cuantos meses:

  • Tengo que aligerar el chasis, menos peso espero que sea sinónimo de menos carga para mis pies, de donde vienen la mayoría de lesiones.
  • Para aligerar más aún la carga, intentaré centrarme más en el trabajo muscular del resto del cuerpo: abdominales, lumbares equilibrios y excéntricos de aquiles, etc.
  • Seguiré también con la idea de mejorar mi “técnica” de carrera, intentando que esta sea lo más cómoda posible y menos traumática para mis pies.
  • Mejorar mucho como corredor antes de cambiarle el nombre de este blog al de Post-Maratón. Pasaré unos años centrado en distancias de 5k/10k/21k,  no hay prisa por hacer una maratón. Correr rápido cuesta más que correr largo, pero tengo la casi-certeza de que corriendo rápido luego es más fácil correr largo, por lo que iremos por ese camino durante un tiempo.

Volver a empezar a escribir.

Si mi carrera atlética es corta, la carrera de “bloguero” lo es aún más. Bloguero por decir algo, esta es la primera entrada de Octubre, en Septiembre sólo publique un artículo y Agosto se saldó con dos posts. Podría decir que estar lesionado y escribir sobre correr no es compatible, y la verdad es que no ayuda mucho, que montar una revista de running lleva su tiempo o que la sección de “Gadgets del corredor” me tiene demasiado ocupado, pero la verdad es que soy un desastre organizándome y eso no va a cambiar, al menos de la noche a la mañana. Muchos proyectos en la cabeza alrededor de correr/internet y poco tiempo para dedicarle a cada uno de ellos, pero olvidarme de premarathon es algo de lo que no quiero tener que arrepentirme. Y para muestra, que mejor que escribir de ello en este post.

Escribir de forma continuada es el único objetivo de este blog desde un inicio, a sabiendas de que no iba a ser fácil, pero al fin y al cabo, si no se cumple siempre se puede volver a empezar.

Conversaciones con mi Fisioterapeuta: “Collarines y clavos”

En una entrada anterior ya os comenté que  suelo visitar a mi “Físio” una vez al mes, un chequeo rutinario para comprobar que las molestias siguen estando localizadas en el mismo sitio y, sobre todo, que no se mueven. Espero que este post  sea el primero de una serie de titulada  “Conversaciones con mi Fisioterapeuta” pero sin que haya una entidad bancaria de por medio.

No todo lo que se habla con un fisioterapeuta es susceptible de ser escrito en un blog. De hecho, estoy convencido de que muchos utilizan al fisioterapeuta más como un psicólogo o confesor que como profesional médico, tumbarse en una camilla, esa mezcla de relajación y dolor y el poder hablar a solas con alguien (y que te escuche), produce para muchos mayores beneficios que la propia terapia muscular.

Aquí intentaré plasmar alguna de las conversaciones  que solemos tener sobre deporte y lesiones. No sacamos verdades absolutas, pero de vez en cuando si que sale alguna reflexión interesante.

Conversaciones con mi fisioterapeuta

El efecto “collarín”.

La fuerza de mis pies, en concreto, la falta de fuerza en mi pie izquierdo, fue el desencadenante de una charla que se podría resumir en el denominado (por mi) “efecto collarín”. Los soportes musculares tipo collarín o rodilleras pueden ayudar a la recuperación de alguna parte de nuestro cuerpo tras una lesión, pero alargar su uso en el tiempo puede provocar la perdida de fuerza en los músculos a los que hace de soporte. El cuerpo humano es muy fuerte pero si le das tregua enseguida se acostumbra a  no realizar esfuerzo o utilizando frases del estilo a las que se leen por twitter: “Lo que te protege ahora, con el tiempo te hará débil”.

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Salir de la cárcel en bicicleta.

Esta semana me he sentido bastante identificado con un artículo escrito por @PlanetaMon acerca de las lesiones. Aunque creo que casi todos los corredores que lo lean podrán sentirse identificados, solo hay que leer alguno de los comentarios que están dejando. El artículo se titula “La prisión de la lesión” y os recomiendo que lo leáis.

Corredor y lesión no son sinónimos pero van casi siempre de la mano. Lesionarte es el precio que a veces tenemos que pagar por disfrutar de correr, antes o después tendremos que dejar de correr por estar lesionados. Junto a los problemas físicos que pueda acarrear una lesión, surge un problema añadido: la frustración por no poder correr, algo parecido a sufrir síndrome de abstinencia con el tabaco. Lo comenté con cierto “humor” cuando escribí sobre ser “Runadicto”, pero suele pasar, correr engancha y no poder hace que tu cuerpo no pueda liberar la tensión que habitualmente expulsa corriendo. La acumulación de tensión, junto con la incertidumbre de no saber cuando te recuperarás,  no hace que seas justo la persona más amable del mundo.

Pero todo lo anterior está mejor expresado en el artículo de @PlanetaMon,  aquí solamente quería compartir cual es mi solución para salir de dentro de esa cárcel: una bicicleta. Sinceramente creo que montar en la bici es el mejor sustitutivo que podemos hacer para paliar la ansiedad de no poder correr. Practicar ciclismo (si se le puede llamar ciclismo a lo que yo hago) me permite no perder del todo la forma física y es el perfecto complemento cuando no quiero abusar de kilómetros que puedan volver a lesionarme. Creo que es muy probable que si te gusta correr con el tiempo te guste ir en bicicleta, aunque realmente el cambio más radical se producirá cuando utilices la bicicleta como transporte diario, introducirla en mi día a día es una de las pocas cosas que me hacen tener una sensación de libertad similar a la de correr.

Este es un post corto: un gran artículo para leer y un consejo que aún agradezco que me lo dieran hace tiempo.

La felicidad esta más cerca con una bicicleta.

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