Todas las entradas de: Victor

Construir para ser más débil.

He vuelto a correr, no es que lo dejara, pero casi. En esas estaba esta tarde. Dándole a la zapatilla mientras escuchaba uno de mis podcast de cabecera (Ser Aventureros), cuando el Sr. Barrabés, al que admiro bastante, tanto por lo que dice como por el tono con el que lo dice, ilusionante y sin estridencias, ha soltado una de esas frases que te da media vuelta al cerebro (y a la vida si te pilla con más kilómetros en las piernas). La frase en cuestión lanzaba la idea sobre si construir un país (o tu vida en general) sobre las fortalezas o sobre las debilidades, en relación a Japón y el accidente de fukushima. Barrabés argumentaba que al final siempre llega el día en el que  “vienen mal dadas” y si no estamos lo suficientemente preparados, el desastre puede ser abismal.

Esto no sólo se aplica a catástrofes, pensemos por ejemplo en la profesión de taxista y el futuro de los coches autónomos. Aunque eso me ha venido en frío, realmente lo primero que he pensado, por eso de que ya estaba en materia, era sobre como estaba volviendo a correr.  Si volvería a entrenar como más fácil me resulta, olvidando mis problemas recurrentes (tobillo, aquiles y fascia del pie izquierdo), es decir,  sin hacer ejercicios complementarios y descuidando mis debilidades como siempre. Esas debilidades por las que cada año paso un mes en dique seco y perjurando que la próxima vez no me pasará. Las respuesta probablemente sea la misma de todos los años, que no reforzaré nada mientras no sea inevitable (o ya demasiado tarde). Pero seguían cayendo los kilómetros, no muchos, y la pregunta de Barrabés se iba repitiendo con más frecuencia y pasando fuera de las fronteras del “running”. ¿Y en mi vida laboral? ¿vivo o sobrevivo sólo de mis fortalezas? Soy como los actores a los que sólo se les da bien hacer de malo y cuando les toca interpretar al bueno les faltan recursos para que el espectador se lo crea. Al fin y al cabo, siempre habrá papeles de malo … o no.

Tengo más o menos claro que se me da bien y que no,  y he intentado vivir (sobrevivir) de aquello en lo que creo que tengo mayor habilidad, por simple pereza o por convicción, aunque eso ya es tema suficiente para otro post. Pero, como insinúa Barrabés, ¿qué pasará cuando todo se tuerza y tenga que utilizar los recursos o habilidades que no se me dan tan bien? ¿lo que mismo que a muchos actores del cine mudo al llegar el sonoro? No lo sé, lo que si sé es que cada vez los cambios son más rápidos, y si uno de esos cambios está relacionado con algo que no se me da bien, estaré bien jodido.

¿Puede que una sóla frase conlleve un cambio profundo ? Hacer excéntricos como si no hubiera un mañana para que el aquiles no sufra más de lo necesario o aprender Ruso por la renovada importancia del estado Ruso en la geopolítica mundial. No creo, pero al menos me acordaré de Barrabés la próxima vez que no pueda correr durante un mes y cuando Putin sea reelegido por enésima vez.

Sobre correr y escribir.

Un blog de running se puede resumir en dos palabras: correr y escribir. Correr para que te broten ideas sobre las que escribir o escribir sobre cuánto o por dónde corres, has corrido o vas a correr.  Bajo esas dos premisas empecé este blog que ahora está más muerto que vivo. Aunque en un principio pensé que el abandono se debía a que el tema de los “relojes” gasta casi toda mi ineptitud/aptitud literaria, unido a que cada vez tengo menos ganas de meterme en “fregaos” del tipo: “mujeres, running y venta de cosmética encubierta”  o “déjame correr como me salga de los huevos y métete tus (*) por donde te quepan”.

(*) Pseudociencia, superalimento, análisis genómico, zapatillas/no-zapatillas, tribu aborigen o cualquier humo vendido como la cura de todos los males del running. 

El verdadero motivo está en el gráfico de la portada. Cada vez hago menos running  corro menos. Lo de elegir premarathon como nick y nombre del blog no fue casualidad sino más bien intuición. Aunque lo de dejar de correr también ha traído sus ventajas, además de grasa abdominal como para montar una fábrica de jabones, he podido mirar este mundillo desde fuera, y la verdad es que a veces asusta y te deja perplejo. Supongo que debe ser un efecto similar al de salir de fiesta y ser el único que no va borracho.  Al principio te ríes, pero conforme aumenta de intensidad del consumo más decadente te parece todo. Y creedme, en esto de correr, hay algo de decadencia retro-adolescente y demasiada intensidad del tipo “El running me sacó de las drogas y me hizo mejor persona a mi y a mis followers”. Bueno, no es que no me lo crea, pero visto desde fuera todo se relativiza un poco. Te relacionas con gente que no tiene twitter, la mayoría, y confirmas que  el “punto de cruz” lleva llenado el mundo de buenas personas desde hace décadas. A veces salir de la discoteca y volver a entrar es la mejor forma de saber si la fiesta ya se ha terminado, no se si viene muy a cuento, pero no está mal como frase de azucarillo.

La verdad es que no tenía mucho más que contar, que corro poco y que quizás por eso escribo poco. Pero igual que correr menos ha conseguido restarle importancia, o al menos darle la misma que a otros deportes, también me ha hecho apreciar más a los pocos blogs originales que quedan en torno al “running”. No es fácil crear historias alrededor de un hecho tan anodino y repetitivo como poner un pie delante de otro, y mucho menos conseguir ofrecer al lector unos minutos de entretenimiento o diversión más allá de egos, consejos milagrosos o épicos desenlaces dignos de héroes de la antigüedad. Desde aquí mi agradecimiento tanto a los que lo dejaron como a los que siguen tecleando en sus blogs.

El ego del bloguero y dar las gracias

Los que me conocéis o lleváis tiempo rondando este blog habréis oído o leído alguna frase acerca de lo difícil que me resulta escribir aquí.  No digo que se me de mal, no creo que gane nunca el pulitzer, pero la mayoría de veces me explico mejor con un teclado que en persona. Debe de ser algo relacionado con la memoria visual, quizás al ver las palabras delante soy capaz de ordenarlas con mayor coherencia que si las voy soltando por mi boca. Imaginad por un momento a alguien que se levanta de la silla cada diez minutos, nueve de los cuales se los pasa moviendo compulsivamente la pierna, y mientras tanto, no paran de vibrar los “tropecientos” gadgets que invaden mi mesa de “trabajo”. Esa imagen es la del bloguero que os escribe. Si algo requiere la escritura es concentración, que por desgracia no me dieron al nacer, pero de su hermana “la distracción” me colmaron.

Escribir un artículo, ya sea sobre un reloj o una “bolada” mental, me cuesta más horas de las necesarias, no el hecho de escribirlo en sí mismo, sino por el excesivo tiempo entre que ya tengo la idea sobre lo que escribir y el primer párrafo cobra por fin forma. Es como si mi cabeza tuviera que dejar madurar esa idea hasta que pueda vomitarla de una sola vez. Esa lentitud a la hora de lanzar un post hace que cada vez que me enfrento al “folio en blanco” me sienta igual que al salir de una lesión: gordo, lento y totalmente fuera de forma. Recordemos que no soy escritor, junto letras y cuento cosas, pero hay mucha distancia entre lo que hace un escritor y lo que yo hago, por eso en cada artículo (incluso éste) me sigue pareciendo un reto darle forma y que pueda decirse una vez terminarlo que está completo.  Si pudiera elegir, y a alguno ya se lo he comentado, me gustaría ser redactor jefe, si es que los redactores jefes hacen lo que yo me imagino que hacen, ordenar a otros que escriban lo que ellos quieren. Me emociono con la simple idea de que alguien pudiese escribir todos los borradores que tengo guardados, en los que sólo hay un título y media frase tipo: “escribir sobre cómo los anuncios de caballos pueden ser mucho mejores si les añades un panda”. En realidad todo es mejor si le añades un oso panda, incluso con un koala.

Me cuesta parir (con dolor) cada post, y antes de empezar a teclear siempre tengo miedo a que no salga algo decente. Miedo antes e inseguridad una vez escrito, pensando si no habrá sido una rayada mental sin sentido que no le interesará a nadie. Por eso me alegro cuando a alguien le gusta lo que escribo. Sería muy hipócrita por mi parte negarlo, no tengo un blog para escribir mis pensamientos íntimos sin importarme cuantos lo lean o que opinen de lo que escribo. Respeto al que lo entienda así, pero internet e íntimo, por muy cerca que estén en el diccionario, son claros antónimos. Tengo “ego de bloguero”. Cuando escribo espero que le guste al que lo lea, no digo que comparta mi opinión o que esté de acuerdo al 100%, pero que al menos no crea que ha perdido el tiempo leyéndome. Por esa razón, y realmente es lo que trataba de poner por escrito en este post, quería dar las gracias a todos los que alguna vez, además de emplear el tiempo en leerme (que ya es de agradecer con la cantidad inasumible de artículos y post que se publican cada día), también os paráis a decirme que os ha gustado lo que habéis leído.

Gracias.

A la espera de una estrella, el atletismo se va muriendo.

Este fin de semana se disputó en Valencia la Copa de España de Clubs, un campeonato de atletismo en pista cubierta donde los atletas van sumando puntos para su club en cada prueba que realizan. Un evento rápido,  no hay series clasificatorias, sólo finales, donde las pruebas de velocidad, medio fondo y fondo van realizándose sin esperas al mismo tiempo que se desarrollan las pruebas de concursos (longitud, pértiga, peso y altura). Una competición con acceso gratuito, formato vibrante y en el escenario mágico de la pista cubierta. En estas competiciones casi puedes tocar al atleta en las curvas peraltadas y, una vez finalizada su prueba, se mezclan con el público como uno más. En resumen, un “dulce” donde poder ver atletas de nivel internacional y crear afición que se volvió a desaprovechar.

No fui sólo, pude convencer a mi mujer y a mi cuñada para que me acompañasen sin mucho suplicar. Ninguna de las dos es muy aficionada a ver por la televisión gente dando vueltas a un ovalo una y otra vez, ésta es la visión que tienen muchas personas del atletismo televisado, un deporte lento, aburrido y repetitivo. Pese a mis miedos, la verdad es que no perecieron de aburrimiento tras casi cuatro horas de atletismo en directo. Con unas pocas indicaciones antes de cada prueba, para que supieran quién podía ganar y a quién seguir o que particularidad tiene cada prueba, fue suficiente para pasar cuatro horas bastantes entretenidas. (Un “speaker” más participativo, o al menos un mejor sonido, y un vídeo marcador también hubiera sido de gran ayuda ).

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¡El flow! Correr y Nadar fluido.

Hay días en los que correr te lleva a un estado que denominan “flow”. Zancadas rítmicas que no cuestan ningún esfuerzo y hacen que avancemos como si la báscula mintiera todas las mañanas. Si esa sensación de armonía total en el ritmo de tus pies, brazos y respiración es la leche, os aseguro que cuando pasa nadando es la re-leche. Si no sabéis a lo que me refiero o pensáis que el cloro de la piscina me está afectando más de la cuenta, intentad no quedar embobados con este gif hipnótico.

Si queréis saber un poco más de cómo alcanzar el “flow” nadando (además de practicar hasta la saciedad), aquí os dejo un video completo.